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13 de enero de 2011

Ultimas genuflexiones…


- Las horas de mejor luz, el olor de la ciudad a las diez de la mañana, la siesta, ese chancleteo lento hacia la panadería…. solo asumiendo que el trabajo es una obligación se podría prescindir de todo eso.

- No tengo muchos requisitos para que me guste un hombre, me gustan casi todos. A lo sumo, que sea alto. Pero cuando despliegan la maquinaria del flirteo y ponen en juego inteligencia y sentido del humor (¿no es la misma cosa?) ahí se jode todo. Por eso prefiero esos a los que yo no les gusto, me salvan de no tener que saber lo indeseable.

- Las cosas por las que vale la pena luchar son pocas. Los hijos, la voz propia, el respeto, el aniquilamiento sistemático del ego. Serìa mucho mejor luchar con todas las fuerzas por esas pocas que andar desperdiciando ingenio con cualquier tontería.







12 de enero de 2011

no guorking mai friend

Ayer me echaron del trabajo. Creo que ha sido una de las pocas veces en que hemos estado de acuerdo, mi jefe y yo, la de recursos humanos y yo. Y creo que me han caído mejor en esos minutos que en los últimos tres años. Cosas que tiene la vida. Enseguida salieron los amigos y las madres con numeritos de teléfono, emails de gente importante, mejor no perder un segundo. ¿Y por qué no?. Al fin, después de muchos años, puedo darme el lujo de perder un minuto, un segundo, el día entero, si me pica.

Y he aquí la lista de tareas que tengo para hoy:

ok- levantarme a las 7:30 am

ok- abrazarme a mi hija un rato y dejarla dormir para que podamos llegar tarde a la escuela

-sacar una cita con el dentista, que además no se ve mal

-subir las fotos de mis hijos a facebook y ver si no hay ningún recién nacido por ahí, recién estrenado.

- ir a la peluquería

-quedarme el shorts y chancletas todo el día



No está mal. Mañana será otro dia

11 de enero de 2011

Diez cosas que solo pueden hacer los hombres

1- Rascarse los guevos en pùblico


2- Irse de putas

3- Mear de pie

4- Tener hijos "por fuera"

5- Ejecutar actividades mùltiples sin soltar el control remoto de la TV

6- Ponerse inùtiles cuando se enferman

7- Orientarse en la carretera

8- Cumplir 40 y creer que cumplieron 25

9- Tirarse peos y no provocar escarnio pùblico

10- Estacionar el auto en espacios reducidos

7 de enero de 2011

Cierta historia de amor

De un tiempo a esta parte, mas específicamente desde la parte en la que compré un apartamento hipotecado, tengo una relación más fluida con los bancos. Normalmente puedo hacerlo casi todo por el net-banking, pero un día empezó a trabajar ese chico en la sucursal de la esquina de mi oficina y yo me encontrè yendo por cualquier cosa, que si el canje de los puntos de la tarjeta de crédito, si me dice por favor de donde sale este interés o este cargo por sobregiro. Todo para verlo en su ventanilla, tan alto que pareciera que trabaja de pie, helénico pero sin melena (puta norma de banco), con antebrazos muy blancos y dedos ¡ay! largos y huesudos. Cuenta los billetes tan rápido, mueve los dedos tan ágilmente, que lamento siempre llevar tan pocos billeticos para depositar ¿Los contarìa Ud. otra vez, por favor?", me dan ganas de pedirle.

 Mientras hago la cola, voy calculando las personas que tengo delante y rezando bajito “que me toque con él que me toque con èl” y aunque finalmente caiga tres ventanillas màs allá, no dejo de mirar como teclea los números de las cuentas bancarias, usando todos los dedos, taquigráfico y viril. El día que lo tuve de frente, lo primero que vi fue el solapìn obligatorio que le encasquetan a todos los empleados de bancos: ¡se llamaba Eneas! (Eneas Alberto Rodríguez Gutiérrez, para ser exactos, pero que importa).

Tengo la sospecha de que un día, en el comprobante del depòsito que le devuelven a uno sellado, vendrá escrito su número de celular, y que juntos planearemos asaltar el banco. Yo, ante esa posibilidad, ya he empezado a regalarles chocolatitos a los policías de la entrada.

6 de enero de 2011

Clase media

Normalmente los ricos producen rechazo, los ricos como género, como grupúsculo indeterminado, gente que la mayoría de las veces uno no conoce.

Y los pobres producen lástima, los pobres como raza, como cantòn sin más atributos que la pobreza, gente que la mayoría de las veces uno ve desde afuera.

He conocido durante estos últimos meses unos ricos que dan lástima. Gente tan buena, tan generosa, con tantos problemas de salud, que dan verdaderamente lástima y uno les quisiera acariciar la cabeza como con esos niños de las fotos.

Y le he negado una moneda a la negrita de unos 11 años despeinada, sucia y con cara de pocos amigos que pedía plata en el semáforo. Cuando bajé la ventanilla del auto y le pregunté ¿por que no estàs en la escuela? , me ha sacado la lengua y ha seguido al auto siguiente.

Mi hija me pregunta por que no le di plata si le doy a casi todos los “regulares” de los semáforos (casi siempre minusválidos) y le he dicho que un niño no debe pedir limosnas, que un niño debe estar en la escuela o jugando.

Esta clase media que soy, ¿será que produce medio lástima y medio rechazo?

Sueño

Bostezo. Mientras me arrugo los ojos con las manos como parte de esa aceptación del bostezo, me arrasa este flash que me deja con las manos en los ojos un instante más. Estoy entrando a un cuarto de hotel, tengo la llave plástica en la mano y siento el olor aséptico de sabanas recién cambiadas. La habitación està en penumbras. Alcanzo a poner la tarjeta-llave en la mesita de noche y lo próximo que siento es a mi misma, en posición fetal y tapada hasta la cabeza con las sábanas. Me duermo. Y en la vida real, termino el bostezo.

Ahora que ya he tomado un café, otro café, fantaseo descaradamente con el sueño involuntario del bostezo. Abro bien los ojos y procuro estar lo suficientemente atenta como para diseñar los detalles. Me siento mucho màs vigilante, y sè, por ejemplo, que el cuarto de hotel tiene cortinas blancas hasta el piso, como de gasa, y que he cerrado bien la ventana antes de acostarme. “No debe entrar ningún ruido”- he pensado- “ni calor”.

Como ya he dormido algo, directamente y sin escalas, en ese breve instante del bostezo, tengo el tiempo suficiente como para hacer un alto en el baño, mirar la tina y decidir darme un buen baño de inmersión en cuanto me despierte. “Está bien, esta bien”. Y he abierto el mini bar, pero no había casi nada. “Ya tendré tiempo de leer el menú del room service, pero ahora, ¡a dormir!”

Y entonces si, por segunda vez, me he dormido despierta.

La letra del año

Han consultado a Ifà como todos los años y nos han comunicado la letra del año 2011. Deben ser en total unos mil babalawos, y no se si también Abakuàs (hombres solos, solo hombres), reunidos en Regla, muy cerca de la Virgen, no se cuantos días o cuantas noches de diciembre, tirando no se si caracoles, o semillas de palma. El caso es que a las 12 de la noche del 31 de diciembre aparece el Ifà del año, la profecía, las circunstancias, los consejos, los refranes y los Orishas que regirán el año. Y todos acudimos a leerlo, porque vendrà alguna revelación sobre la cercanía de nuestros destinos, el de nuestras familias y el del país entero.

Los yorubas saben cual fue el primer sonido del mundo (ese que hizo Dios cuando cayó a la Tierra), los yorubas saben que alguna vez antes de nacer supimos nuestro destino y lo olvidamos mientras nacíamos. Los yorubas saben que se puede llevar una vida en paralelo con la del destino, como ignorándolo, o se puede abrazar y entonces todo nos florece. Y cada uno de nosotros tiene un Orisha del cual es hijo. Eso te lo dice un babalawo, sacerdote supremo de Ifà, en una ceremonia de caracoles tirados sobre la arena, consultando un librito, recordando mitos, antes de descifrar tu Orisha.

Yo soy hija de Yemayà, algo que me enorgullece, aunque no lo vaya diciendo por ahí, me lo dijeron dos babalawos, en ceremonias sobrecogedoras, con algunos años de diferencia, siempre clarito: eres hija de Yemayà y tu abuela es tu ángel de la guarda, cruzarás muchos mares, tendrás muchos hijos, tus hijos son tu luz, pero no te arrebates, aunque no olvides, trata de perdonar.

Para este año dice Ifà que hay que ser organizado. Lo tendré en mente.